Gerontología - Universidad MaimónidesGerontología - Universidad Maimónides
Febrero 26, 2004
Viejos Nuevos - Nuevos Viejos

nuevosviejos.gif Este libro no esta dirigido sólo a los que pasaron los 60 o los que trabajan con y para ellos. Es de lectura conveniente para personas de cualquier edad para los cuales su propio envejecer ya entra en la perspectiva de sus vidas y se preguntan: ¿qué me espera?

Podemos ser nosotros los nuevos viejos, artífices y a su vez, protagonistas de este cambio, mientras nos mantengamos activos desde el cuerpo la mente y el espíritu. De nosotros dependerá estar a la altura de este desafío para que a través de nuestras conductas, experiencias y condición saludable, seamos un aporte de sabiduría y no una carga para las generaciones por venir.

Compiladores
Dra Graciela Zarebski
Dr Rene Knopoff

PRÓLOGOS

1. Este libro no está dirigido sólo a los que pasaron los 60 o a los que trabajan con y para ellos. Pensamos que es de lectura conveniente para personas de cualquier edad, para las cuales su propio envejecer ya entra en la perspectiva de sus vidas y se preguntan: ¿qué me espera?

Lo que pensamos que nos espera cuando envejecemos es lo que quisimos reflejar en nuestras producciones. Este es el fruto del trabajo de un equipo que comparte esta ideología de vida: el envejecer puede ser un período de plenitud, de realización, de ¨honrar la vida¨.

Eso es lo que está demostrando la actual generación de mayores, causando un impacto en el ámbito social que se ve reflejado cada vez con mayor asiduidad en los medios de comunicación: se habla de la ¨Revolución de los Años¨, se editan suplementos enteros de matutinos dedicados al tema.

Lo que impacta es la presencia de quienes dimos en llamar ¨Viejos Nuevos¨: un modo de asumir la vejez que no constituye en realidad una novedad absoluta en la historia de la humanidad, si tenemos en cuenta que envejecidos en plenitud en todos los tiempos hubo, pero siempre lo fueron en carácter de excepciones que confirmaban la regla.

Lo que sí es hoy en día novedoso, es que los actuales son mayoría. Las formas múltiples de tener presencia es lo que marca un hecho irrefutable: llegar a viejo hoy en día puede ser visualizado como un buen punto de llegada.

La presencia masiva a nuestro alrededor de gente mayor pujante, luchadora, creativa, lúcida, permite revertir -o, por lo menos, cuestionar- la imagen anticipada que la mayoría de la gente joven posee respecto a su propio envejecimiento: como una línea de bajada a partir de la supuesta cumbre de la mediana edad.

Estos viejos nuevos nos muestran a los nuevos viejos que, con suerte, llegaremos a ser, que el paso del tiempo ya no nos podrá servir de excusa para ¨colgar los botines¨, ¨pasar a cuarteles de invierno¨, jubilarnos de la vida.

Que nuestra vida puede seguir siendo una línea continua de crecimiento, siempre y cuando las lecciones que estos ¨viejos nuevos¨ nos brindan, nos lleven a re-significar el sentido de nuestras vidas ahora. Encarar el cambio, a tiempo.

Como nos dice Luisa Codner: ¨ ... No saben que el tiempo cambia de consistencia...Ojalá aprendan, pero quizás sea demasiado tarde...¨

¿Estaremos dispuestos a asumir el desafío que, como nos plantea Juan Hitzig, es el desafío del Tercer Milenio?

¿Estaremos en condiciones de aprovechar las oportunidades que hoy en día se nos abren?

Los avances en materia del cuidado de la salud irán permitiendo a la mayoría de la gente envejecida disponer de más tiempo y energía para participar de diversas actividades y de propuestas relacionadas con el tiempo libre y el desarrollo de la creatividad.

La gente de más edad estará cada vez más en condiciones de aptitud física y psicológica, no sólo para re-crearse y seguir aprendiendo, sino también para aportar a la sociedad su memoria, su creatividad, su solidaridad desde el trabajo del voluntariado, siendo que, precisamente, este milenio comienza con la declaración del 2001 como ¨Año Internacional del Voluntariado¨, tarea en la cual los mayores tienen un campo especialmente interesante de desarrollo.


Respondiendo a esta expectativa y a estas oportunidades que se perfilan, nació E.D.A.D.E.S., nombre que representa al equipo autor de este libro. Este E spacio para el D esarrollo A ctivo D el E nvejecimiento S aludable, que se abre a todos los que quieran participar del mismo activa y creativamente, es el área gerontológica de la Universidad Maimónides de la Argentina, y está constituida por todos los que nos hemos hecho cargo del dictado de cursos, carreras de grado y posgrado, coordinación de talleres y encuentros, proyectos de investigación y propuestas para la transferencia de nuestra experiencia y para acercar a la comunidad a la celebración de la edad en plenitud.

El mérito de este libro es, precisamente, que da cuenta de lo que la pasión por la Gerontología ha logrado crear: un espacio – del cual este libro constituye el acta de nacimiento – que reúne a un grupo multifacético de personas que, desde distintas ópticas y con distintas prácticas, ha logrado desarrollar desde un ámbito universitario una gama de actividades abierta a distintas inquietudes.

Lo que explica esta variedad de propuestas es la apertura a la creatividad que permitió su iniciador, el Dr. René Knopoff, quien además tuvo el mérito de reunir a un grupo de gente que cumple con una condición básica: el gusto por el trabajo compartido, el respeto mutuo, la capacidad de disentir con cariño - superación de narcisismos mediante.

Estas fueron las condiciones humanas que permitieron que el trabajo interdisciplinario fructifique en la construcción conjunta de diversos objetos transdisciplinarios como es el armado de este libro y la creación conjunta de novedosas carreras de grado y de posgrado .

Pero ¿por qué apasionarnos por la Gerontología? ¿Es que la gente envejecida nos fascina? Seguramente algo de eso en cada uno de nosotros se juega pero, más que eso, es la pregunta por nuestro propio envejecimiento y la apuesta a una larga y plena vida la que nos motiva en la búsqueda de las claves que permiten su logro y que nos van guiando en nuestra tarea preventiva.

En este punto esperamos estar encontrándonos con ustedes, lectores, como puerta de entrada a nuestro espacio que, anhelamos, sea a partir de hoy, también el vuestro.


Quisimos hacer un libro ¨vivo¨, vital, que muestre lo que, desde nuestra formación, estamos siendo capaces de realizar, es decir, un libro que refleje una praxis gerontológica cotidiana, la nuestra.

Uds. dirán si lo hemos logrado o no pero, al menos, sentimos que hemos gestado un trabajo fresco, auténtico, en el cual nos mostramos desde cómo nos atraviesa a nosotros el cotejo con la edad avanzada: lo que los viejos nuevos intercambian con los nuevos viejos que aspiramos a ser.

Nuestras reflexiones no podrían haber sido sin la participación de los mayores, así como ellos seguramente se valieron de nuestro estímulo, nuestra escucha, para plasmarse en actos y en reflexiones que, a su vez, nutrieron y recrearon nuestro pensamiento.

Es también un libro acerca del tiempo.

Nuevo y viejo implica el paso del tiempo: cómo nos posicionamos con relación a un antes y a lo que viene después.

Desde el desafío de los nuevos tiempos a asumir el protagonismo de sí mismo en cada etapa, al paso del tiempo como conflicto, como recuerdo, como cambio, el tiempo para uno - como soledad productiva -el tiempo para, el tiempo libre como re-encuentro lúdico con lo perdido en el tiempo.

Verán que no sólo hay un hilo conductor entre los trabajos, hay un diálogo interno entre ellos.

En un contexto socioeconómico que reclama con urgencia, según Knopoff, recrear la solidaridad y capacitarnos en creatividad, en imaginación, en conocimientos y en actitudes, desde distintos ámbitos surgen acciones, como las que nos relatan las coordinadoras de los ¨Encuentros ...¨, en que los adultos mayores puedan crecer en actividades participativas, crear objetivos de vida e intercambiar apoyos.

Como dice una de sus integrantes: ¨Hagamos nuestros propios proyectos, chiquititos pero posibles. No sobrevivamos, vivamos.¨

Los nuevos viejos salen de sus cuarteles de invierno, decididos a gestionar su propio camino en la sociedad y así, nos muestran que puede haber otra alternativa: abrir la puerta para salir a jugar.

Si bien el adulto mayor es convocado al juego por puro placer, vamos notando, según la investigación de Sergio Fajn, que la propuesta le produce algunos efectos relevantes.

El juego teatral, en el que se integran dispuestos a fabricar ilusiones, no es ¨pasar el tiempo¨, todo lo contrario: es una posibilidad de que lo que con el tiempo pasa, se recupere. Así, ponen en escena cuestiones ligadas a pérdidas, pero que no son vividas con sufrimiento o dolor. La dramatización facilita la circulación de recuerdos, de anécdotas y la vigencia de una ausencia que se hace presente.

En el juego, como en los chistes, se puede decir todo, hasta la verdad. A partir del juego, re-escribir la propia historia.

La posibilidad de cambio en el envejecer, la emergencia de un sujeto diferente, es también el rédito del taller de lectura y escritura que, de la mano de Olga Vega y de Isidro Salzman, constituye otro camino para el juego y la experimentación. El autoconocimiento que precipita el acto de la escritura - como muestran las fascinantes respuestas a la oportuna pregunta en la vejez: ¨¿ quién soy? ¨ - es una apuesta a la autenticidad. Soportando la incertidumbre de la página en blanco – cual ese espacio vital a llenar – se accede al carácter creativo de la escritura: el sujeto puede ser otro que el que era.

Así como el proceso de lectura induce a ejercitar la memoria biográfica, ubicando hechos reales de sus vidas dentro del marco histórico y social en el que habían vivido, al mismo fin se puede acceder a través del Taller de la Memoria con la riqueza que lo encara Mónica Navarro. A través de la memoria, el sujeto se afirma en su identidad, logra un sentido de continuidad que le permite diferenciarse de los demás, al tiempo que puede sentirse parte del medio social al que pertenece.

El rescate de la identidad en el espejo del grupo - el cual, al decir de una participante: ¨ es como un árbol muy frondoso que nos da mucho oxígeno y energía si entre todos logramos abrazarlo¨ - no nos lleva, sin embargo, a preconizar como receta el agrupamiento, a todo ser que atraviese determinada edad, como podría suponerse a partir de las experiencias relatadas.

Diana Singer, experta en grupos, nos propone reivindicar la soledad. En la soledad, entrar y salir del arcón de los recuerdos no es difícil cuando al abrirlo aparecen las fotos placientes de la experiencia de satisfacción. Es la idea del envejecimiento sereno: un repliegue sobre sí que se manifiesta como placer por el buen funcionamiento o la buena relación con la vida.

Es el bienestar en la soledad, que Rosita Lerner, con oído musical, supo escuchar en su diálogo con Luisa Codner: ¨Vivo sola hace más de 30 años. No quiero compañía que no necesito...estoy disfrutando de mi soledad, de mi tiempo para mí. Yo siempre digo que vivo sola, pero no estoy sola.¨

Sus reflexiones, cargadas de sabiduría acerca del paso del tiempo, la presentan adueñándose de ese transcurrir: ¨El ahora es ahora, es sentir que estoy viva, que estoy sintiendo, que estoy queriendo, que estoy aprendiendo¨, pero también es conciencia de finitud, aceptada y elaborada con alegría: ¨Me quiero morir con las botas puestas... quiero un cierre digno, que me haga sentir una persona hasta el último segundo, no un objeto, sino un sujeto.¨

Incluso el contra- tiempo de la edad está presente y se hace oír también en Ana: la discordancia esperable entre las ¨distintas edades¨ que se manifiesta en el envejecer humano – sentirse joven y saberse viejo, edad del espíritu y edad del cuerpo, `esa carcaza que a veces no acompaña` - produciendo efectos que, como nos relata Clara Pícoli, nos desafían a trabajar con ellos.

Forma parte de los desafíos que nos plantea el envejecer en el Tercer Milenio, al decir de Juan Hitzig en nuestro mensaje final: que el fenómeno de la longevidad no desencadene una masa de seres ¨muriendo demasiado tiempo¨, es decir, muertos en vida, para lo cual deberemos ser capaces de poner el envejecer del lado de la vida.

Podremos ser nosotros, los nuevos viejos, artífices y a la vez protagonistas de este cambio, mientras nos mantengamos activos desde el cuerpo, la mente y el espíritu, aunque los años sigan pasando...

Graciela Zarebski


2. LA COMPLEJIDAD DEL SER HUMANO

¿Uno es uno o es uno y su entorno, sus realizaciones, sus proyectos?
Esto no es solo un tema metafísico, una disquisición filosófica, abstracta.
Es la esencia de la vida. Determinará mi sentir, mi considerar, mi toma de posición en muchos aspectos.

Algunos artículos del presente libro me despertaron estos pensamientos. Artículos que hablan de las pérdidas, de la soledad, de la muerte, de las comunidades que integran o las que expulsan a sus viejos, de las sociedades previsibles y de las otras, de las gregarias o individualistas, de las que estimulan la gerontocracia, la plutocracia o la hebecracia.

Los ¨expertos progres¨de la gerontología nos pasamos el tiempo queriendo reivindicar a los viejos y su tiempo, y nos quedamos exaltando nuestro sacrificio en el trabajo, nuestro aislamiento y el de los viejos, girando alrededor de temas melancólicos.

Si uno es sólo uno, pensaremos en cada etapa de la vida como ciclos separados, como compartimentos estancos. Yo soy ahora, no tengo nada que ver con lo que fuí ni con lo que seré. En este caso consideraré en cada aquí y ahora, lo que gano y lo que pierdo, lo que puedo y lo que no puedo. Lo que puedo en relación a lo que pude. Voy a sufrir las noches sin gozar los amaneceres.

En cambio si yo soy yo y mi vida anterior, la presente y la proyectada, yo y mi sentir, yo y mis proyectos, yo y mis realizaciones, yo y mi entorno micro, meso y macro, o sea mi familia, mi comunidad, entonces podré gozar con lo que soy y lo que tengo, enmendar lo que pierdo o me falta, proyectar en mí o en los otros, mis otros, lo que deseo, y que volverá a mí, llenándome.

Sentiré que el envejecimiento es un hilo continuo, el hilo de la vida, donde la misma noción de mi finitud me impulse a hacer cosas, para el afuera o el adentro, para el otro, entorno, comunidad, o para mi interior, facetas de lo mismo, que me harán sentir vivo, con una razón de ser, con un objetivo de mi venida, y mi existencia, más allá de mi cronología, de mis años.

¿Que corro menos que antes?.

Camino más o lo disfruto igual.

Por suerte la intensidad del disfrute es una medida cualitativa, independiente de la edad. Que lo digan los niños, que a veces les gusta más o se divierten más con la caja que con el costoso juguete que iba adentro.

Recuerdo mi infancia, en la que una pelota de trapo, cosida por mi abuela, era nuestro máximo disfrute.

Importa lo que nosotros ponemos en las cosas, en cada época de nuestra vida.
Importa nuestro hilo continuo, cómo lo vayamos alimentando día a día, acto a acto. Cómo nos asombremos con cada aurora y gocemos con cada atardecer, premio de la jornada vivida y principio y proyecto de la próxima aurora.
Por suerte no todo está hecho, no todo está resuelto.

El mundo, el otro, yo, espera nuestro aporte.

Lo que hagamos, lo que pensemos, lo que copensemos, lo que seamos. Se tenga la edad, las posibilidades y los medios que se tengan.

Cada uno tiene distinta responsabilidad en la construcción propia , la del entorno y la de su comunidad.

Pero entre todos la construiremos.

René Arnoldo Knopoff

Enviado por Licenciatura en Gerontología el: Febrero 26, 2004 11:26 AM