Gerontología - Universidad Maimónides

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Diciembre 06, 2006

Otro paso contra la diabetes tipo II

Cómo ganar tiempo ante una enfermedad que se estima que en 2025 afectará a 350 millones de personas y que avanza a pasos agigantados. Precisamente en el tiempo parece estar una de las clave en la lucha contra la diabetes. Un nuevo estudio, presentado en la apertura del 19ø Congreso Mundial de Diabetes, que se realiza en Cape Town, Sudáfrica, reveló que mediante un tratamiento farmacológico es posible desacelerar el progreso de la enfermedad por un plazo de cinco años.


Demian Doyle
06.12.2006 | Clarin.com

El trabajo de investigación que avala este nuevo enfoque, denominado ADOPT, fue presentado en el cierre de la jornada del lunes y generó la mayor convocatoria del congreso, que culminará mañana. Los resultados revelaron que con rosiglitazona (una clase de droga) se logró mantener un nivel de glucosa estabilizado por un período de 60 meses, sin necesidad de combinar otros fármacos en la terapia.

"Este es el primer estudio que muestra que la pérdida progresiva del control de la glucosa en la diabetes de tipo 2 puede ser demorada", explicó en la presentación de los resultados el doctor Steven Kahn, profesor de medicina en la Universidad de Washington, en Seattle. El trabajo (basado en los tratamientos de 4.360 personas de 35 a 70 años) fue elaborado a partir de investigaciones de universidades de los Estados Unidos, Canadá e Inglaterra, en más de 400 puntos de Norteamérica y Europa.

ADOPT también dejó algunas señales de alerta al desnudar la presencia de efectos colaterales en el uso de rosiglitazona. Si bien se desestimó su incidencia en episodios cardiovasculares, su administración produjo edemas, un aumento de peso y en mujeres, mayor riesgo de fracturas. "Pero los potenciales riesgos y beneficios, los efectos colaterales y los costos deben ahora ser evaluados para determinar una mejor opción en las terapias contra la diabetes de tipo 2", concluyó Giancarlo Viberti, profesor de Diabetes y Medicina Metabólica, de la Universidad de Londres.

http://www.clarin.com/diario/2006/12/06/sociedad/s-03108.htm

Diciembre 05, 2006

Alicia Alonso: mujer de eterna gracia

alicia_alonso_86.jpgA punto de cumplir 86, cuenta cómo formó parte de la semilla que dio vida al American Ballet y también la génesis del Ballet Nacional de Cuba, que dirige desde 1959 y que hoy y mañana se presenta en el Coliseo. Con una ceguera que la acosó buena parte de su carrera, la leyenda hace memoria.

Laura Falcoff
05.12.2006 | Clarin.com

Cuba tiene tres productos de exportación principales —dice Agnes de Mille en su Galería de retratos—: el azúcar, los cigarros y Alicia Alonso". En 1990, cuando estas líneas fueron escritas, Alicia Alonso llevaba ya recorrido medio siglo de una carrera internacional fulgurante, aún bailaba ocasionalmente fragmentos de Giselle y de Lago de los cisnes y era la directora del Ballet Nacional de Cuba desde hacía tres décadas. En esta última función, que nunca abandonó, regresa ahora a Buenos Aires (la compañía se presenta hoy y mañana en el Coliseo), una ciudad cuyo gente la ha aplaudido con fervor, igual que los públicos de todo el planeta.

No es sencillo enfrentarse a una figura legendaria y no es sencillo hacerlo con Alicia Alonso: al enorme peso de su historia se agrega la conciencia de la ceguera —no total pero importante— que la acompañó durante prácticamente toda su vida escénica. Nunca eludió referirse a ella y tampoco lo hará en esta ocasión, sentada con la dignidad de una reina y también con cierta distancia acorde, en la suite de un hotel porteño. La proverbial simpatía cubana se abrirá pronto paso: Alicia Ernestina de la Caridad del Cobre Martínez y del Hoyo -tal su verdadero nombre- es, ante todo, una mujer muy cubana.

Alicia y su primer marido (Fernando Alonso, con quien estuvo casada durante cuarenta años) dejaron la isla contra la voluntad de sus respectivas familias para poder dedicarse al ballet, inexistente bajo una forma profesional en la Cuba de aquel tiempo. Eran muy jóvenes: cuando nació su hija Laura, Alicia tenía apenas quince años; su marido, diecinueve. Vivían en Nueva York y Fernando trabajaba de lo que podía. Ambos tomaban clases de ballet y Alicia, todas las que estaban a su alcance. Al poco tiempo consiguieron trabajo en producciones de Broadway y en 1940 ingresaron al flamante Ballet Theatre (que años más tarde se convertiría en el celebérrimo American Ballet Theatre): "Habíamos formado un grupo de amigos muy unidos —recuerda ahora—, todos bailarines de ballet: Nora Kaye, Jerome Robbins, María Karnilova, Fernando y yo. Juntos trabajamos en Broadway y en el Ballet Caravan, una compañía pequeña de Lincoln Kirstein y Balanchine. Al regresar de una gira nos enteramos de que se había creado el Ballet Theatre y que buscaban bailarines. Allí fuimos todos a tomar una clase que daba Antony Tudor y al terminar nos dijeron: "¿pueden pasar por la oficina a firmar los contratos?". Empezamos así como cuerpo de baile, este grupito tan unido".


¿La experiencia en Broadway les había gustado?

A ninguno. Era muy comedia musical: entras por un lado, corres, sales por el otro... pam, pam, pam. Era preciso cantar pero como yo aún no sabía suficiente inglés sólo movía los labios y hacía la pantomima. Nuestros sueños se cumplieron cuando entramos al Ballet Theatre. Al principio, en realidad, había sólo coreógrafos nuevos y no se representaban los grandes clásicos. Fue maravilloso entonces cuando vino Mijail Fokin para trabajar con nosotros sobre Las Sílfides. La coreografía ya había sido montada y él venía a repasar y a pulir el estilo. ¡La emoción de saber que había llegado Fokin! Ese día no se me olvidará jamás.


¿Podría contarlo?

Yo había sido elegida para un rol solista y el día del primer ensayo con Fokin... ¡llegué tarde! Mis compañeras me contaron luego que él esperaba sentado —nunca comenzaba hasta que estuviera el elenco completo— y muy tranquilamente decía: "quizás le robaron y está haciendo su declaración; o la secuestraron; o la atropelló un carro y tuvieron que llevarla al hospital". Todo así. Mis compañeras, espantadas. Llego, entro corriendo y me acerco a él: "Maestro, ¡me quedé dormida!" Fue lo único que me salió. Se quedó tan asombrado que sólo dijo, "bueno, bueno; a bailar".


Usted solía tomar más clases diarias que las que toma habitualmente un bailarín profesional.

Dos y tres al día. Y a la noche, función. El día en-te-ro bailando.


¿Lo hacía por gusto, por voluntad de perfeccionarse?

Porque nunca estaba conforme. He sido la crítica más dura de mí misma. Al terminar una función, aunque me hubieran aplaudido de pie y vitoreado y arrojado flores me quedaba detrás del telón volviendo a repasar los pasos que creía haber hecho mal.

Teniendo esa pasión tan grande por bailar, ¿cómo transcurrió ese año que pasó inmóvil en la cama recuperándose de una operación de la vista?

El problema comenzó en Nueva York; sentía algo raro en los ojos e hice una consulta: tenía desprendimiento de retina. Me operaron y un tiempo después recomencé despacito con las clases; pero fue prematuro y tuve que regresar a Cuba; me operaron con la condición estricta de que debía pasar muchos meses en cama, sin moverme nada, en absoluto. Le dije al médico: "pasaré un año sin moverme pero cuando me levante voy a volver a bailar". Y así fue.


¿En qué pensaba durante ese largo período en que estuvo inmóvil?

En los ballets; bailaba todo en mi mente. Repasaba los ballets que había hecho y aquellos que había visto y no había bailado todavía.


Un rasgo suyo muy admirado ha sido su rapidez para aprender roles.

El papel de Caroline en Jardín de lilas, de Tudor, lo aprendí en tres horas cuando reemplacé a Nora Kaye, que había enfermado repentinamente. Con Giselle fue parecido: Alicia Markova, la gran intérprete de este ballet, no se sentía bien y el estreno estaba anunciado para pocos días después en el Metropolitan Opera House. Ninguna bailarina se atrevía a reemplazarla, hasta que me pidieron a mí, que hacía poco había regresado de Cuba después de aquel año entero en la cama. Acepté; Anton Dolin y yo ensayamos en los pocos ratos que teníamos libres.


¿Había hecho ya alguna vez "Giselle"?

Nunca. Pero durante el año anterior, acostada en mi cama, lo había repasado en mi cabeza. Cuando termino muy exitosamente la función, ya con el telón cerrado, me desplomo en una silla sin poder creer lo que había hecho. Se acerca entonces un gran coleccionista que tenía un museo privado de ballet. Se arrodilla a mis pies, me quita las zapatillas y me dice: "mira, están llenas de sangre". Yo ni lo había sentido. Se las llevó y ¡nunca más volví a verlas! (se ríe).


¿Fue difícil organizar el Ballet Nacional en la Cuba que estaba naciendo?

La época más difícil fue antes de la Revolución, cuando no había interés alguno por la cultura, ni tampoco conocimiento. Pero luego fue maravilloso, fíjese que lo primero que hizo la Revolución fue enseñar a leer y escribir. Inmediatamente nos preguntaron: "¿qué necesitan?". "Una escuela, un teatro", y eso nos dieron. El Estado cubano se hizo cargo de los gastos, absolutamente, y con esa ventaja pudimos tomar más alumnos y más bailarines de todas partes. A eso se debe la gran riqueza de bailarines que tenemos hoy en Cuba y lo muy conocido que es el ballet en toda la isla. Hay varias compañías además de la nuestra y gran actividad cultural en general: en teatro, en pintura, en música.


Parece un milagro, con el bloqueo que sufre Cuba desde hace medio siglo.

Recuerde algo: los milagros los hacen los hombres.

http://www.clarin.com/diario/2006/12/05/espectaculos/c-00611.htm

Bailarina en la oscuridad


"Al regresar de La Habana a Nueva York para reincorporarse al Ballet Theatre después de un año de reposo —escribió Agnes de Mille en Galería de retratos—, Alicia enfrentaba un gran desafío. Veía parcialmente con un solo ojo y carecía de vista periférica. Su primera tarea fue aprender a moverse de manera autónoma en un escenario abierto. Pidió contar con dos luces potentes en el frente del escenario y a una distancia segura del borde; sabía que si avanzaba más allá de ese resplandor podía caer en el foso de la orquesta. Bailaba principalmente dentro del recinto que armaban los brazos de su partenaire, cuya voz la guiaba sin que pareciera que lo estuviera haciendo: "retrocede" o "tienes lugar adelante" o "desplázate más a la derecha". Pero ¿cuando no había partenaire?, ¿cuando estaba sola en el escenario?, ¿quién la guiaba? Siempre había luces brillantes entre bastidores pero esto no puede explicar el prodigio de esa muchacha precipitándose, corriendo, saltando, arrojándose rápidamente entre las luces deslumbrantes contra un muro de oscuro vacío... sin caer".

Fulgor y destino
Camilo SáncheZ
csanchez@clarin.com


Cuando se decide, como lo hizo Alejandra Boero, invertir el dinero obtenido para una operación de riñón en reparar un teatro, se está hablando de la pasión. "Si sigues bailando se te desprenderá la retina", le dijo a Alicia Alonso el oftalmólogo español Ricardo Castroviejo, pero siguió en escena y la retina se desprendió y la mujer se fue y después volvió, las veces que quiso, con vista o sin ella. "Desde mi infancia que me retiran de escena", bromeaba la mujer que bailó, con gracia y furia, más allá de sus 70 años. "El estandarte de la cubanía", le gusta definirla a Pablo Milanés.

Plan para dar 65.000 jubilaciones

BENEFICIA A ADULTOS BONAERENSES EN SITUACION DE "VULNERABILIDAD SOCIAL"

A través de un convenio firmado entre el gobierno bonaerense y la ANSeS, 65.000 adultos mayores que viven en la provincia en situación de vulnerabilidad social podrán tramitar la jubilación.

Rodolfo Lara
05.12.2006 | Clarin.com

El beneficio alcanza también a las personas incluidas en los planes Barrios Bonaerenses y Tercera Edad que no tienen los 30 años de aportes previsionales y adhieran a las cuotas de regularización voluntaria por los años de aportes faltantes. El régimen comprende 60 años o más para las mujeres y 65 o más para los hombres. El anuncio fue en la Casa de Gobierno, donde firmaron el acta Felipe Solá, el titular de la ANSeS, Sergio Massa, y el ministro de Desarrollo Humano, Jorge Varela.

Este programa ya tiene ejecución en Tucumán, La Pampa, Mendoza, Salta, Santiago del Estero, Chubut, San Juan y Santa Fe. "A partir de ahora quedará articulada una base de datos con la Provincia que garantizará una mejor llegada a los beneficiarios", explicó Massa. El piso de haberes será de 450 pesos, menos el descuento por las cuotas de la moratoria. Queda incluida la cobertura de PAMI.

Desarrollo Humano se encargará del armado de los legajos de los interesados. El gobernador Solá mencionó en el acto que "la distribución del ingreso es un tema central del Estado".

En la provincia hay 4 millones de pobres, es decir que no logran acceder a una canasta de alimentos y servicios básicos. De esa población, 1,5 millón son indigentes.

http://www.clarin.com/diario/2006/12/05/elpais/p-01401.htm

Cuatro vecinos, reconocidos por su aporte a la identidad porteña

cuatro_vecinos.jpg
UN FABRICANTE DE ACORDEONES, UN CIRUJANO DE MUÑECAS, UN PLATERO Y LA DUEÑA DE UN BAR

El Ministerio de Cultura les dará hoy el premio al patrimonio viviente de la Ciudad.

Vivian Urfeig
05.12.2006 | Clarin.com

Arreglar muñecas antiguas, reparar acordeones, modelar un mate de plata o sostener un bar tradicional de Barracas es el mérito de cuatro vecinos que esta tarde serán reconocidos como Artífices del Patrimonio porteño. A las 18, en el Salón Dorado de Avenida de Mayo 575 Antonio Caro (restaurador de muñecas), Nazareno Anconetani (fabricante de acordeones), Emilio Patarca (maestro platero) y Licinia Tomás de Moreno (al frente de un café notable) recibirán una mención por el oficio, la tradición y el saber que difunden desde hace años.

Es la cuarta vez que el Gobierno porteño, a través de su Ministerio de Cultura, homenajea a quienes le dejan su impronta a la Ciudad. "Generan conciencia, son un referente social grande. Un orgullo", destacó Nani Arias, subsecretaria de Patrimonio Cultural.

Licinia tiene 76 años y mucho amor por el bar El Progreso, de Montes de Oca 1702, que abre y cierra todos los días. "Es un gusto, no un sacrificio. Hace casi 50 años que hablo con la gente y le preparo sandwiches, pero sobre todo los escucho mucho. Este es un buen lugar para conversar", le dijo a Clarín esta inmigrante de Asturias que consiguió que su bar sea declarado café notable.

Antonio Caro es otro de los artífices. Tercera generación al frente del taller familiar, dice con orgullo que él nació en una "casa de muñecas". Con la precisión de un cirujano plástico, en su negocio de Salta al 800 repara rostros de porcelana para clientes de todas partes del mundo. "El plástico ahora permite que sean indestructibles, pero una muñeca de porcelana es otra cosa", comenta el coleccionista, que puede pasar días enteros con una pieza.

Otro amante del detalle, Nazareno Anconetani, también pasa horas interminables en su taller de Guevara 478. Hijo del fundador de la primera fábrica de acordeones del país, conoce tan bien el oficio que tiene como clientes al Chango Spasiuk, Antonio Tarragó Ros y Raúl Barboza, entre otros maestros. En pocos días cumplirá 85 años y lo festejará como más le gusta: tocando la batería, porque "no me defiendo tan bien con el acordeón".

Emilio Patarca no heredó su oficio de orfebre, lo aprendió a los 14 años. "A pesar de mi padre, que quería que me recibiera en el Industrial". Y desde entonces, no paró de trabajar. Hoy sus candelabros, facones y bombillas de plata se exhiben en el Museo de Arte Decorativo y el Fondo Nacional de las Artes. De sus clientes internacionales y famosos, prefiere no dar nombres. "Mejor el perfil bajo", sentencia. Historias mínimas de grandes tesoros vivientes, que hoy recibirán su premio.

http://www.clarin.com/diario/2006/12/05/laciudad/h-04001.htm

Nutrición y cerebro

La dieta se incorpora a la lista de medidas preventivas en la lucha contra el deterioro cognitivo y la enfermedad de Alzheimer

5 de Diciembre de 2006

En condiciones normales, el cerebro humano consume el 20% del oxígeno que necesita nuestro cuerpo para funcionar. Y ese funcionamiento exige ni más ni menos que el 25% de la glucosa total que precisamos a diario. Pero no sólo de glucosa y oxígeno vive el cerebro. Cada vez está más claro el papel que desarrollan múltiples nutrientes y minerales en el mantenimiento de sus funciones cotidianas. También se percibe cada vez con mayor nitidez cómo una dieta adecuada, o incluso reforzada con determinados compuestos, contribuye a mantener las capacidades cognitivas o a frenar la aparición o el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer. La dieta, una vez más, adquiere valor preventivo.

KIMA GANIVET, Lausana
30 de noviembre de 2006


Siempre se ha sabido que, además de la glucosa de donde toma la energía para su correcto funcionamiento, el cerebro precisa de otros muchos compuestos. Bien sea farmacológicamente o bien a través de la dieta, estos compuestos contribuyen a una mejor y más efectiva transmisión de las señales neuronales. Poco se sabe aún, no obstante, acerca de cómo los nutrientes u otros compuestos bioquímicos ejercen un papel protector sobre las neuronas. O, menos todavía, de cómo los distintos factores nutricionales son capaces de activar un gen para que dé una respuesta adecuada. Una respuesta, por cierto, que va mermando con el paso de los años o cuando aparece una patología de carácter degenerativo como la enfermedad de Alzheimer o la esclerosis múltiple.

La pregunta que se formulan los expertos desde hace años es casi obligada: ¿puede la nutrición frenar o prevenir el deterioro de capacidades cognitivas asociada al paso de los años? En caso afirmativo: ¿cuáles son los compuestos ideales y de qué modo actúan?

La pregunta, no por obligada, tiene una respuesta simple. Como se ha visto en años recientes, el beneficio potencial de una nutrición correcta sobre el estado de salud de un individuo depende no sólo de sus componentes sino también de la respuesta individual condicionada por los genes, del metabolismo a nivel molecular y, por supuesto, del estilo de vida. A ello cabe sumar lo que ocurre en el cerebro. Por ejemplo, cómo adquiere la información, cómo la procesa, cómo obtiene el alimento que precisa o qué ocurre cuando se da una situación de deterioro neuronal. Dicho de otro modo: si bien puede darse como cierto de que la dieta también alimenta nuestro cerebro, los mecanismos que rigen este proceso, y por tanto, el conocimiento de cómo mejorarlo, se ignoran en buena medida.

Algo de cerebro y energía

«Cada vez hay más evidencias de que los desórdenes metabólicos aceleran el deterioro de las funciones neurológicas» El mecanismo de acción del cerebro se fundamenta en la capacidad de transmisión de señales eléctricas entre dos neuronas. O mejor, entre los millones de células nerviosas que se alojan en sus distintas capas. Esa capacidad, tal y como se ha visto en los últimos años, puede medirse en forma de pulsos eléctricos y también en forma de demanda de energía.

Hoy se sabe, además, que el paso de información de una neurona a otra exige un consumo de oxígeno y glucosa mayor, por regla general, que entre cualquier otra forma celular de modo que el rendimiento del cerebro como órgano depende directamente del aporte energético global. Dicho de otro modo, a menor aporte energético al cerebro, menor es la capacidad de transmisión neuronal y, por tanto, mayor es la merma de capacidades cognitivas o motoras.

La energía, en forma de glucosa, es captada de la sangre por las células gliales, que la transforman en lactato. La glía bombea el lactato a la neurona para su correcto funcionamiento. En un plano superior, el cerebro integra las necesidades de energía de cada tejido u órgano del cuerpo y da la orden para que se suministren los aportes necesarios en cada caso de forma proporcionada. Cuando todo funciona correctamente, el organismo responde de igual forma. Cuando alguno de estos procesos falla por un motivo u otro surgen disfunciones: obesidad, si no hay una regulación proporcionada de aporte energético, o deterioro físico y cognitivo si las neuronas o la glía carecen de la energía suficiente o se da una muerte celular prematura.

Intervenciones preventivas

Pero no es sólo energía lo que precisa el cerebro para su buen funcionamiento. Sandrine Andrieu, profesora de Epidemiología y Salud Pública en la Universidad de Tolouse y responsable del equipo de investigación sobre envejecimiento en el INSERM, defiende que «todos los nutrientes son necesarios» para su óptimo funcionamiento. «Incluso un pequeño déficit de uno de los nutrientes esenciales puede provocar la pérdida de propiedades en los tejidos cerebrales», aseguró en un reciente encuentro científico celebrado en Lausana (Suiza).

El encuentro, organizado conjuntamente por el Departamento de I+D de la multinacional Nestlé y la Escuela Politécnica Federal de Lausana, centro en el que se desarrolla el mayor experimento de simulación informática del cerebro del mundo, sirvió para poner de manifiesto, «una vez más», según Andrieu, que el deterioro de capacidades cognitivas asociadas a la pérdida de tejido cerebral se debe a «causas no conocidas». No obstante, siguió Andrieu, «cada vez hay más evidencias de que los desórdenes metabólicos aceleran el deterioro de las funciones neurológicas». De ahí que obesidad y diabetes se estén considerando ahora como un signo de mayor riesgo de padecer enfermedad de Alzheimer.

«Las posibilidades de que una mala dieta repercuta negativamente en las funciones del cerebro son mayores de lo que previamente habíamos creído», sigue la experta francesa. La razón hay que buscarla en el funcionamiento de este órgano y, de manera muy particular, en su plasticidad. A diferencia de lo que se pensaba hasta hace bien poco, el cerebro genera nuevas conexiones neuronales de forma continuada como respuesta a los distintos estímulos que recibe. Eso significa que su estructura y su morfología varían constantemente. De ahí la alta demanda de oxígeno y energía en forma de glucosa. Pero también de otros nutrientes.

La pregunta clave es si la dieta, o algunos de sus componentes, pueden prevenir o retrasar el deterioro cognitivo. Y por supuesto, determinar si es factible algún tipo de intervención en este sentido. Dado que la diabetes y la obesidad, así como los índices anormales de colesterol, hipertensión y homocisteína se han identificado como factores de riesgo en la enfermedad de Alzheimer, su control supondría ya un gran «paso adelante», asegura Andrieu. También lo serían medidas tendentes a frenar el estrés oxidativo o la presencia de determinados minerales en la dieta.

En 2005 se publicó la primera lista que sugiere que determinados metales pueden comprometer el estado neuronal y, con él, las funciones cognitivas. El exceso de aluminio, zinc, cobre y hierro es el responsable de los cambios de conformación de la proteína beta-amiloide. Estos cambios, junto con la acumulación de proteína tau llevan a la muerte neuronal característica de la enfermedad de Alzheimer.

Las grasas saturadas y el colesterol «malo» son otros de los factores asociados a la enfermedad. Por el contrario, diversos estudios sugieren que la ingesta de ácido de omega 6 en la dieta actúa como factor protector.

«La no actuación», señala Andrieu, «podría llevarnos a un escenario impredecible en unos años debido al incremento de factores de riesgo conocidos». Y lo que se puede hacer, en su opinión, es establecer programas de intervención en los que se sumen «múltiples acciones». Entre ellos, un programa nutricional adecuado, el desarrollo de actividad física regular, el mantenimiento de actividades cognitivas y sociales en el adulto mayor y en la vejez, y reducir el impacto de factores de riesgo.


¿Dieta o productos nutricionales?

En la era de los alimentos funcionales es comprensible que la industria alimentaria se interrogue acerca de los beneficios potenciales de determinados compuestos para prevenir la aparición de una patología concreta. Se viene haciendo desde hace años con resultados diversos en el control de colesterol o de glicemia y se apunta ahora como nueva tendencia en alteraciones cognitivas o patologías como la esclerosis múltiple o la enfermedad de Alzheimer. El problema es determinar qué compuesto es el ideal y abrir un debate sobre la conveniencia de aportarlo mediante la dieta o a través de alimentos enriquecidos.

La tendencia actual consiste en investigar reguladores de energía para incorporarlos en alimentos nutricionalmente aptos. Complejos vitamínicos, en especial suplementos de vitamina B y C, y vitaminas A, D y E en menor medida, y hierro, magnesio, calcio y fósforo son por ahora los candidatos mejor dispuestos. En la lista han aparecido también el zinc y el ácido fólido, además de ácidos omega 6. A estos micronutrientes podría añadírsele en breve otro paquete que mejore la eficacia en el proceso de liberación de energía obtenida de la comida.

El destinatario de estos productos no es necesariamente la tercera edad. Las empresas vienen considerando como cliente potencial a niños de corta edad. ¿La razón? El crecimiento y maduración del cerebro en sus primeras etapas exige una demanda de energía mucho mayor que en las personas adultas o de edad avanzada. Se estima que cerca del 60% de la demanda energética total del cuerpo procede de este órgano, demanda que decrece con los años. Es esperable, pues, la aparición de productos enriquecidos que, acompañados de indicaciones dietéticas, se orienten al público infantil y a la tercera edad. Es sólo cuestión de tiempo verlos en los estantes de supermercados o farmacias.


http://www.consumer.es/web/es/salud/investigacion_medica/2006/11/30/157767.php)

Diciembre 04, 2006

Aseguran que la gente optimista vive en promedio 7,6 años más

Se llegó a esa conclusión en base a estudios que incluyeron mediciones de colesterol y de presión. Ser optimistas, dicen, es tan importante como tener buenos genes y hábitos. Expertos argentinos lo avalan.

Eliana Galarza
04.12.2006 | Clarin.com

En los últimos años, la gente está cada vez más longeva. Sólo por citar el caso de los estadounidenses: en el siglo pasado, su promedio de vida registró la impresionante suba de 27 años. ¿Cuál será el secreto para una vida larga y saludable?

Según estudios de la Universidad de Yale, en los Estados Unidos, el optimismo ayuda bastante. Y es tan importante como la influencia de los genes heredados o los buenos hábitos adquiridos. Los genes que se conocen como "buenos" son fundamentales. Nuevas investigaciones de la Universidad de Yale descubrieron que algunos de ellos son responsables nada más que del 25% de la prolongación de la vida. Eso significa que hay otros factores que también juegan un papel en la longevidad.

El estudio de Yale llega a la conclusión de que el hecho de tener una actitud positiva frente a las cosas permite vivir un promedio de 7,6 años más. Y detalla que una visión optimista de la realidad agrega más años a nuestra vida que una presión arterial baja (4 años o menos), un nivel de colesterol bajo (4 o menos años), un peso saludable (entre 1 y 3 años) y la práctica regular de actividad física (entre 1 y 3 años).

"En el caso de personas que padecen problemas cardiovasculares, se sabe que una actitud positiva frente a ese problema ayuda a sanarlos. Es decir, los optimistas, ayudados por otros factores, pueden tener una mejor recuperación", comenta el cardiólogo Adrián Charask, de la Sociedad Argentina de Cardiología.

"Se piensa que los argentinos tenemos una idiosincracia más bien pesimista, como nos pinta el tango. Pero la posibilidad de ser optimistas y de disfrutar depende no sólo del contexto social y cultural, sino también de las relaciones de la persona con sus padres", dijo a Clarín Graciela Fazio, profesora de Fisiopatología y enfermedades psicosomáticas de la Facultad de Psicología de la UBA. Agregó: "Cuanto más se logra ser lo que se quiere ser, y cuanta más libertad de elección se tenga, más aumenta la posibilidad de estar físicamente sano y vivir más".

La investigación de Yale sugiere que la gente que tiene estereotipos negativos sobre el envejecimiento tiene una menor expectativa de vida. En síntesis, si usted cree que la gente de la tercera edad es frágil y enclenque, así se verá cuando envejezca.

En medio de los datos que brindan los sondeos realizados por los investigadores, se cita el ejemplo de Frank Landry, un dentista retirado de 79 años que vive en New England. Al parecer, Landry no creció con ese tipo de estereotipos negativos. Fue testigo privilegiado de la forma en que envejecían sus mayores y los vio mantenerse activos a pesar de los achaques. Y él siguió su mismo ejemplo. Su larga lista de actividades incluye un trabajo como voluntario y tareas de asistencia a viudos y viudas del Rotary Club. "Hay gente que se sienta y no hace nada. Yo creo que hay que aceptar lo que uno tiene y trabajar con ello".

Los investigadores de Yale están de acuerdo con esa decisión. Recuerdan relevamientos sobre la relación entre vacaciones y cantidad de muertes. Vieron que había más muertes en el mes posterior a las vacaciones que en el previo. Según los autores de este estudio, esos hallazgos dejan entrever que la gente que tiene un proyecto para el futuro, como unas vacaciones o un evento especial, desea permanecer viva para la ocasión. La ayuda al prójimo a través del trabajo como voluntario o el simple hecho de mantenerse activo con actividades sociales, hobbies, viajes o nietos surtiría el mismo efecto.

La conclusión es contundente: los optimistas están en mejores condiciones de aferrarse a los buenos hábitos, como comer bien, hacer actividad física regularmente, dejar de fumar y no excederse con el alcohol, porque saben que son el resultado de las elecciones inteligentes que hacen. En cambio, la gente pesimista es más proclive a adoptar un enfoque pasivo frente a la salud. Piensan que no tienen ningún control sobre su peso o dieta y que por eso no hagan esfuerzos por incorporar buenos hábitos.

Al enfrentar una crisis de salud, los optimistas se adaptan y se recuperan más rápido porque participan activamente de su tratamiento y de su recuperación. Y no tienen esa sensación de desesperanza tan propia de los pesimistas. Como resultado, los optimistas tienen menos estrés y depresión.

http://www.clarin.com/diario/2006/12/04/sociedad/s-03001.htm

Cuestión de fe
Sergio Danishewsky
sdanishewsky@clarin.com


"Si el asunto tiene solución, ¿para qué hacerse problema? Y si no la tiene, ¿para qué hacerse problema?". Mezcla de fatalismo y optimismo, algo sabían las abuelas de lo inútil de hacerse malasangre. Así, no puede tomarnos por sorpresa la conclusión de Yale. Pero ponerla en números y sugerirnos que una mirada positiva prolonga 7,6 años la vida nos interpela: ¿elegimos el escepticismo y desconfiamos? ¿O creemos y esgrimimos ese optimismo que, dicen, nos hará vivir más y mejor?

"El pesimismo es depresivo y hace mal"
Nelly Omar


Yo llegué a los 95 años porque soy una persona optimista. Y soy optimista en todo. Incluso cuando estoy mal enseguida pienso que me voy a mejorar. Si no fuera así ya estaría en el cementerio. El pesimismo es depresivo, y eso hace muy mal. Yo, las veces que me sentí mal me peleé conmigo misma e hice todo para estar mejor. La vida es una sola y hay que saber vivirla bien. No soy una mujer de fortuna, y sin embargo siempre viví muy bien. Igual, no pierdo de vista que Dios y la Madre Teresa me acompañan. También es muy recomendable tratar de hacer siempre las cosas que hacen bien. A mí, por ejemplo, me gusta estar cerca de las cosas lindas y bellas. Y me encanta viajar. Viajé mucho, y aún hoy lo hago. Este verano todavía no sé si me voy a ir al norte, al sur o a los dos lados, porque a mí me gusta todo.

"No se puede proscribir la melancolía"
Mario Mactas


No soy optimista militante, pero tampoco veo demasiado oscura la vida. Los presuntos optimistas dicen que vivimos en una época desdichada, que el hombre es un ser nefasto para el planeta, que no van a quedar ballenas y que todo va a cambiar. Yo, en cambio, soy relativamente pesimista.

Estamos viviendo una buena época, si consideramos que la población aumentó como nunca en los últimos 50 años o que hoy ir al dentista no duele tanto. Pero, creo, no se alcanzará un mundo unánimemente feliz. Las relaciones afectivas están tan dañadas que será difícil que mejoren.

Resulta razonable pensar que los optimistas ganan años de vida al serlo, tal como lo indica el estudio de Yale. Pero tampoco se puede esperar que todo el mundo sea optimista por la fuerza. No se puede proscribir la melancolía.

Afirman que la diabetes se encamina a ser la nueva epidemia del siglo XXI

El último reporte de la Federación Internacional de Diabetes (FID) afirma que hay 246 millones de enfermos en el mundo. Y advierte que si no se toman las medidas necesarias dentro de 20 años los enfermos llegarán a 380 millones. Actualmente, el mal deja 3,8 millones de muertos por año, una cifra similar a la del VIH.

04.12.2006 | Clarin.com

La Federación Internacional de Diabetes (FID) dio a conocer hoy datos preocupantes sobre el crecimiento de la enfermedad que, según su reporte final, amenaza con convertirse en la epidemia del siglo XXI.

Presentado en el cierre del Congreso Mundial de la Diabetes realizado en Ciudad del Cabo, el texto informa que actualmente hay 246 millones de afectados en el mundo, cifra que aumentaría a 380 millones en los próximos 20 años.

En rueda de prensa, el presidente de la FID, Pierre Lefebvre, recordó que hace 20 años los números más precisos daban cuenta de que sólo 30 millones de personas convivían con el mal.

La diabetes de tipo 2 afecta al 5,9 % de la población adulta en el mundo, y cerca del 80% de los enfermos pertenece a países en desarrollo.

El impulso del mal, de acuerdo al informe, se debe a cambios en los hábitos alimenticios, genéticos, medioambientales y a la falta de actividad física.

También se explica que en los países desarrollados, el incremento de la diabetes se da entre los sectores de menores recursos, donde la falta de higiene y de recursos obligan al consumo de alimentos hipercalóricos y de gaseosas, lo que impulsa el crecimiento de la enfermedad.

Las economías en pleno desarrollo como las de China y la India, sumada a la superpoblación en ambos países, pueden causar resultados devastadores, especialmente en personas que están entre 40 y 59 años.

http://www.clarin.com/diario/2006/12/04/um/m-01321743.htm