Gerontología - Universidad Maimónides

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La exclusión de los adultos mayores

Todos los especialistas en salud coinciden en que la posibilidad de vivir más tiempo es un logro de nuestra época. La longevidad es, hoy, un hecho: se calcula, además, que la esperanza de vida de los más grandes aumentará seis veces más en el próximo medio siglo.

Editorial de La Nación
Domingo 12 de agosto de 2007

Esto significa, entonces, que el mundo como lo hemos conocido hasta ahora enfrenta el desafío del envejecimiento global, una revolución silenciosa pero segura que transformará el mundo occidental. Y decimos mundo occidental a propósito, porque es bien sabido el lugar de privilegio y de respeto que hay para los adultos mayores en las sociedades orientales, lo que no ocurre de igual manera en Occidente, donde todavía se está en un muy lento proceso de comprensión con respecto a lo que significa hoy envejecer. Es decir, que no hay una cultura que comprenda el perfil de vejez actual, sino que la sociedad sigue funcionando como si los individuos de sesenta años y más no gozaran, como efectivamente lo hacen, de una vitalidad impensada años atrás.

En la Argentina, esta situación se complica además por los problemas propios de una sociedad como la nuestra, que lucha con dificultades para recuperar el equilibrio económico, social y político perdido. También en este campo, la falta de políticas públicas se manifiesta como un grave problema social.

Por ejemplo, sólo en la ciudad de Buenos Aires, la cifra de adultos mayores de 60 años en situación de pobreza por ingreso registró un violento aumento entre 1995 y 2004. Cerca de 76.000 adultos porteños viven en la pobreza, según la última medición, de mayo de 2003, que figura en el informe de Situación Social de la Ciudad de Buenos Aires, proyecto URB-Al Red 10, La Situación de los Adultos Mayores en la Ciudad de Buenos Aires, elaborado para el gobierno porteño. Esta situación se agrava en el resto del país.

A esta realidad altamente riesgosa se agrega lo que es común en el imaginario social con respecto a todas las personas mayores en general: son absurdamente consideradas enfermas, seniles, deprimidas, pasadas de moda, diferentes, discapacitadas, sin derechos, como observan los expertos en gerontología. Además, la mayoría de los adultos mayores dependen de los programas asistenciales de la seguridad social y de las obras sociales, y muchos de ellos son maltratados y víctimas de violencia familiar, institucional y social.

¿Cómo empezar a dar una solución a este sector fundamental de nuestra comunidad, pero tan excluido realmente del seno familiar y social? Seguramente es deber de todos reducir o terminar con los males señalados. De los gobernantes, legisladores y funcionarios, controlar que se cumpla la legislación que los protege o crear nuevas medidas adaptadas a nuestra complicada actualidad. Pero de sus familias y del resto de la sociedad, depende volver a considerarlos, y reconocer sus conocimientos, capacidades y valores, y luchar también para se cree una nueva ley de jubilación, para que haya una reforma previsional justa y para que cese la discriminación laboral por edad que padecen.

Si todo ello ocurre, entonces podremos decir con orgullo que la Argentina empieza a recuperar aquellos valores intrínsecos que estuvieron en la raíz de su crecimiento como país y sociedad en los albores del siglo XX.

http://www.lanacion.com.ar/933812

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