Gerontología - Universidad Maimónides

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Como en casa, en ningún sitio

La ayuda domiciliaria a los mayores hace posible que vivan y disfruten la vejez en su propio hogar, pero conviene contratar personal titulado y experimentado

28.03.09 -
MIREN RODRÍGUEZ / CONSUMER EROSKI

Soledad, tristeza, menos dinero que nunca, deterioro físico y enfermedades. abundan los miedos asociados a una fase tan natural como poco aceptada del ser humano: el envejecimiento. Casi por inercia se tiende a pensar que malestar, dependencia y abandono vienen en un pack indivisible una vez se superan los 70-75 años. Pero no siempre es así. La práctica totalidad de las cerca de 400.000 personas mayores de 65 años que viven en Euskadi -dos terceras partes, vizcaínos- quiere envejecer en el mejor lugar que se le ocurre, su propia casa.
Es cosa sencilla, somos animales de costumbres: amamos despertar cada mañana en una habitación que conocemos al dedillo, vivir en el barrio de toda la vida, rodeados de nuestras pertenencias y recuerdos más queridos. Y no se trata de tozudez, ni de manías, ni siquiera de rendirnos ante el empuje de las emociones. Quienes más saben de gerontología coinciden en señalar que, en las personas mayores, el abandono del entorno habitual puede causar un fuerte desarraigo emocional.
El problema se manifiesta cuando, a pesar de que las circunstancias cambien y tornen del todo desfavorables, los ancianos se mantienen firmes en su propósito de no abandonar su casa. No hay manera de convencerles: se niegan a alojarse en una residencia por mucho que vean deterioradas súbitamente su salud y autonomía o la de su pareja, aunque se queden solos en casa tras fallecer su marido o esposa, o a pesar de que todos sus hijos residan en otras ciudades y no puedan re currir a nadie en caso de emergencia.
Pero los problemas no pueden soslayarse siempre, hay que buscar soluciones. Las apresuradas idas y venidas a casa de los abuelos, el miedo a que se caigan o sufran un accidente doméstico, la dolorosa incertidumbre de «a ver si le pasa algo y no nos enteramos»... Ante esta situación, los servicios de ayuda domiciliaria son una opción eficaz tanto para los mayores como para los familiares que les atienden. En muchos casos, la ayuda personalizada de un profesional que asiste al anciano en las tareas domésticas, en su higiene personal o, simplemente, acompañándole durante unas horas al día se convierte en esencial. A lo largo del pasado año, más de 38.000 personas mayores de 65 años recibieron ayuda asistencial pública de este tipo en Euskadi. Y, según las proyecciones que se realizan sobre el aumento de población, en apenas diez años el número de mayores de 65 años crecerá más de un 25%. Las necesidades al respecto, por tanto, se presumen crecientes.
Aunque estos servicios los prestan desde hace años tanto entidades públicas como empresas privadas especializadas, no son pocos quienes por ahorrarse unos euros contratan, para cuidar a sus mayores, a particulares que carecen no sólo de la titulación adecuada sino, en ocasiones, incluso de los mínimos conocimientos para realizar la tarea encomendada. El consejo de Consumer Eroski es que -siempre que se pueda evitar- no se cometa el error de priorizar absolutamente el criterio económico frente a la calidad y seguridad del servicio. Pagar un poco menos puede salir muy caro. Saber dónde hay que acudir para solicitar la ayuda domiciliaria pública y, en su caso, conocer las pautas a seguir para contratar una asistencia privada eficaz y no muy cara ayuda a conseguir que los mayores se encuentren en las mejores manos. La guía práctica 'Cómo atender a los mayores' (http://mayores.consumer.es/) informa de un modo muy sencillo y ordenado sobre por qué se envejece, cuáles son las señales de alarma ante las que deben reaccionar los familiares, cómo se debe planificar el cuidado de la persona mayor y dónde y cómo pedir ayuda.
VIVIR SOLO PERO CON ASISTENCIA
Los servicios de ayuda a domicilio no sólo prestan asistencia en las labores diarias del hogar, también impiden situaciones de soledad extrema y aislamiento social. Hacer la compra diaria, acudir a una revisión médica o a cualquier otra gestión es cosa bien distinta si se hace solo o acompañado, sobre todo si se superan los 75 años y no se goza de buena salud. Con independencia de que la ayuda a domicilio sea prestada por organismos públicos, empresas privadas o particulares, los servicios que se ofrecen son muy diversos, y conviene conocerlos. La asistencia domiciliaria puede incluir la atención personal del mayor (higiene, seguimiento en la alimentación y medicación y apoyo en las horas de la comida), y también cuidados especiales (hacer la cama con el enfermo encamado, farmacovigilancia, cambio de pañales...) si el anciano sufre discapacidad o enfermedad. Todo ello, además del apoyo en las labores domésticas -limpieza y orden en el hogar- y del acompañamiento en paseos, lecturas o meriendas.
La ayuda domiciliaria se presta por horas: puede suponer desde un par de horas cada día hasta la asistencia permanente, 24 horas del día los siete días de la semana. Si la persona mayor tiene suerte y disfruta de la ayuda a domicilio ofrecida por entidades públicas, el propio Ayuntamiento o el organismo responsable de prestarla se ocupa de establecer la duración del servicio y sus horarios, tras evaluar la situación personal del solicitante.
CÓMO SOLICITAR LA AYUDA
Antes de lanzarse a la aventura de contratar los servicios de una empresa privada o de un particular, conviene acudir a los servicios sociales del Ayuntamiento de la localidad en la que reside el mayor. La asistencia a domicilio es competencia de las administraciones públicas, que, por norma general, la prestan mediante personal municipal encargado de este cometido o articulando los convenios firmados con empresas privadas o con organizaciones como Cáritas o Cruz Roja. Ésta es la mejor manera de recibir asesoramiento y conocer plazos, requisitos y trámites a seguir para solicitar la ayuda. La principal ventaja de ser beneficiario de este servicio público es contar con las garantías y el respaldo que aporta saber que detrás de la persona que entra en casa está el Ayuntamiento u otra entidad pública. Además, es la opción más barata, las tarifas pueden ser gratuitas o representar una pequeña proporción del coste total de la ayuda que, por término medio, ronda los 14 euros la hora. Ahora bien, no todas las personas mayores son candidatas a la concesión de esta ayuda pública, ya que los servicios sociales exigen el cumplimiento de una serie de requisitos. El grado de autonomía para valerse por sí mismo, la existencia o no de familiares que puedan prestar ayuda y su grado de parentesco, además de la capacidad económica del solicitante, son los principales criterios que se manejan para baremar las solicitudes. Si al solicitante se le deniega la asistencia domiciliaria pública, es hora de analizar la oferta privada especializada en estos cuidados.
EMPRESAS DE ATENCIÓN PRIVADA
Se debe confiar el cuidado de las personas mayores preferentemente a empresas que cuentan con la autorización administrativa para ofrecer el servicio. El primer paso es consultar los servicios que prestan varias compañías y comparar, como siempre, calidad y precio. Un primer requisito es que el personal de la empresa en general y el cuidador que se asigne en concreto a la persona mayor estén cualificados; para ello, debe contar con la titulación de Auxiliar de Enfermería, Clínico o de Geriatría, y con la experiencia suficiente para atender a una persona en las circunstancias de nuestro familiar o similares. Hay que exigir el título de capacitación del cuidador. Conviene desconfiar de las empresas que dan largas a la hora de mostrar esta documentación. Y lo propio de las que se niegan a facilitar factura tras el cobro. Siempre que la ayuda domiciliaria se contrate con una empresa privada, se debe exigir un contrato: formaliza la relación y evita malentendidos y sorpresas desagradables. En contrato figurarán las prestaciones que se incluyen en el servicio, los horarios estipulados y el precio total por la ayuda asistencial. Las tarifas dependen sobre todo del número de horas contratadas y del tipo de servicios solicitados. Un ejemplo: por una asistencia a domicilio de cuatro horas a la semana que comprenda cuidados personales y apoyo en las labores domésticas se cobra desde 12 hasta 20 euros por hora. El presupuesto, obviamente, es muy oneroso: desde unos 1.000 euros hasta unos 1.750 euros mensuales. Antes de firmar, de todos modos, interesa conocer el procedimiento previsto por la empresa si se da el caso de que el mayor no se adapta al cuidador que se le ha asignado o surgen problemas entre ambos.
CUIDADOR PARTICULAR
Aunque contratar los servicios de un particular para atender a las personas mayores es una opción a tener en cuenta si no se dispone de la solvencia que requiere contratar los servicios de una empresa, se recomienda no seleccionar a la ligera a la persona que va a prestar el servicio. Para hacer bien este trabajo, se requiere de una preparación profesional, el cuidado de los mayores no se puede dejar en manos de cualquiera, por muy buena intención que le ponga. Además, si el anciano sufre alguna enfermedad para la que es necesaria la inyección de medicamentos, la realización de curas o la manipulación de sondas, su cuidado no puede quedar bajo la responsabilidad de una persona con una formación insuficiente o sin experiencia. Hay que exigir a los candidatos que muestren referencias de los puestos de trabajo desempeñados con anterioridad y sus títulos de capacitación.
Recordemos que la formación apropiada es la de Auxiliar de Enfermería, Clínico o el de Geriatría, así como la titulación de Ayuda a Domicilio. En materia de tarifas, esta alternativa se encuentra a medio camino entre la ayuda a domicilio dependiente de los servicios sociales y la que prestan las empresas privadas. El precio por hora se sitúa entre 8 y 12 euros, aunque resulta difícil establecer tarifas medias ya que muchos de estos cuidadores se encuentran en régimen de interinidad y conviven con el anciano las 24 horas al día, por lo que reciben sueldos de entre 650 y 875 euros, incluidos alojamiento y comida. La realización de entrevistas personales para conocer a los candidatos y comprobar ciertos aspectos de su personalidad ayuda a acertar en la elección. Una persona abierta, de carácter animado y tranquilo, con mucha paciencia y gran capacidad de escucha es un perfil muy apropiado.
Pero lo más importante es la motivación del profesional hacia este trabajo tan particular. La opinión del anciano ha de tenerse también en cuenta.
Pese a que no es una tendencia dominante en el sector, ya que el número de contratos es escaso entre profesionales particulares y contratantes, conviene firmar un documento oficial en el que se formalice la jornada laboral, los servicios que el cuidador debe prestar, el sueldo que percibirá y el periodo de vacaciones que disfrutará.

http://www.elcorreodigital.com/vizcaya/20090328/sociedad/como-casa-ningun-sitio-20090328.html