Gerontología - Universidad Maimónides

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Tener cien años de edad dejó de ser una utopía

Tener 100 años de vida no es una utopía y menos en Rosario. Este departamento provincial es el que tiene mayor cantidad de personas que se dieron el gusto de soplar una centena de velitas. Durante 2001, según el último censo, en el país, la provincia y la ciudad había 1.855, 136 y 71 personas con más de un siglo de edad, respectivamente. En todos los casos las abuelas multiplican por dos o tres la cantidad de varones longevos. ¿Qué sucede cuando se llega a esta instancia? Los cumpleaños son noticias, las obligaciones ciudadanas terminaron hace tiempo y, si tienen la suerte de vivir en familia, está reservado un lugar especial en el afecto y la protección. Pero, ¿qué representan para la sociedad? ¿Hay espacio para ellos?

27-12-09 | Por Silvia Carafa / La Capital

Casi dos décadas atrás, el censo poblacional de 1991 daba cuenta de 3.289 habitantes con 99 años o más. Para la misma franja etárea, la provincia de Santa Fe se anotaba con 133 abuelos y Rosario con 303, pero contados a partir de los 95 años. La comparación recorta un dato comprobable: la expectativa de vida viene en alza y en las últimas cuatro décadas promedia los 77 años. Más aún, según las categorías de la Organización Mundial de la Salud (OMS) un anciano es alguien que pasó el umbral de los 80. De las estadísticas se desprende que en cada momento histórico hay un porcentaje de la población que puede vivir dos décadas de ancianidad.
   ¿Qué representa para la sociedad esa longevidad? “Llegar a viejo da miedo, además funcionan los prejuicios que asocian esta etapa de la vida con enfermedad y limitaciones; esto no ayuda a entender que sólo se trata de una etapa, de un destino esperable”, explicó la directora de Gerontología de la Municipalidad, María Alcira Scarpone. En su opinión, de este marco se desprende un error: considerar al empuje como patrimonio exclusivo de la juventud.
   Hoy la longevidad saludable baraja, da de nuevo y modifica los roles familiares. Ya no es imposible tener una tatarabuela meciéndose en el rincón favorito de la casa (ver página 13). La lozanía atraviesa generaciones. “Se puede llegar muy bien a los cien años”, comentó la gerontóloga y acompañante terapéutica, Patricia Fragapane. “En algunos casos es por efecto de la genética, que da un aspecto físico saludable más allá de la edad cronológica, y en otros se debe a la calidad de vida”, comentó.
   “Se envejece como se vive”, puntualizó Fragapane y dijo que, si bien no son muchas, hay personas con cien años y más. En el mundo hay comunidades que funcionan como microclimas donde sus habitantes superan con creces el siglo de vida. ¿Hay un secreto? En cada sitio hacen valer su idiosincrasia (desde la frugalidad de los pobladores de Okinawa, Japón, que conectan cuerpo y espíritu con una alimentación adecuada, hasta el placer sibarítico de los habitantes de Vilcabamba, Ecuador, que llegan a los ciento veinte años sin dejar de fumar, beber o participar en forma activa en las fiestas, según testimonia el médico Ricardo Coler en su libro “Eterna juventud”).

Ancianidad. “Todavía no hay conciencia del lugar que ocupan los adultos mayores y sobre todo del trato que se merecen”, puntualizó Scarpone. El área que coordina promueve políticas sociales para esta franja etárea.
   ¿Participan personas centenarias de sus actividades? “En general, a esa edad están muy dentro del entorno familiar, porque aunque se encuentren saludables hay un grado de vulnerabilidad. Pero sí existen muchas personas de más de 90 años que son muy activas en grupos de recreación”, comentó Scarpone. E ilustró con una experiencia reciente: fue en octubre, en el marco de una propuesta de cultura para adultos mayores. Hubo mujeres de 95 años bailando y cantando en un escenario y de 94 exponiendo en un taller de arte decorativo.
   “Hay una nueva imagen de la vejez, con participación social diferente y en especial por parte de las mujeres”, comentó Scarpone. En este caso, además de la cronología, también deben dejar atrás las concepciones con las que nacieron, a principios del siglo pasado, cuando las representaciones sociales de entonces les tenían reservados el reinado muros adentro.

Viejos son los trapos. ¿La edad es una causa de discriminación? Definitivamente, aseguró la titular de la Dirección de Gerontología. Así, la misma eterna juventud que aspira a detener el almanaque instala valores asociados a una estética de tersura y energía. Una contradicción a ojos vista teniendo en cuenta que las franjas etáreas que más crecen son las que pasan los 77 años.
   El aumento de la expectativa de vida y las formas activas y saludables con las que se proyectan los años que antes quedaban ligados a la pasividad y la decrepitud trajeron también una extensión de vínculos y afectos, con la coexistencia de varias generaciones al interior de un familia. En ese espacio articulador, los ancianos participan, cuidan nietos o atienden la casa. “Son un recurso y eso no siempre se reconoce”,
-sintetizó.
   ¿Y está preparada la ciudad para esta longevidad? Scarpone es optimista con respecto al futuro que liga al escenario urbano con la ancianidad. “De alguna manera se está preparando, hay instituciones que tomaron la iniciativa de incluir a esta franja y comenzaron un camino de servicios y opciones culturales y recreativas”, sostuvo. En este marco, la Municipalidad hizo punta con la Escuela de Gerontología, que abrió sus puertas en 1990; y en 1999 quedaron habilitados los centros de día que en la actualidad, bajo esa modalidad, extendieron programas para adultos mayores a los distritos oeste, sur y sudoeste. l

http://www.lacapital.com.ar/contenidos/2009/12/27/noticia_0004.html

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