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Una compañía para poder atravesar las crisis vitales

Más de 400 "acompañantes espirituales" de varios países se reunieron en Buenos Aires

Con el fin de capacitar y dar impulso a esta tarea que crece en el país -la formación de cuatro años que brinda el CESM a los acompañantes comenzó hace 16 años con 40 alumnos y hoy cuenta con más de 600-, este centro organizó recientemente el Primer Congreso de Acompañantes Espirituales Hispanohablantes.

por Agustina Lanusse
Para LA NACION
Domingo 4 de julio de 2010

Carmen, de 37 años, perdió a su hijo de 3 en un accidente de auto. Desolada, comenzó terapia y cursos de meditación para poder afrontar el dolor inmenso que sentía. "La angustia era inconmensurable. Durante un año, me quedé tirada en mi cama mirando el techo. Salir a la calle me producía taquicardia", cuenta. La terapia y la compañía de sus amigos la ayudaron, pero no fue suficiente. Pasaron dos años, y Carmen seguía sintiendo una depresión que la anulaba.
"Un día me hablaron de Silvia, una acompañante espiritual que me podría ayudar y algo resonó en mí. Yo no era de rezar ni de ir a misa los domingos, pero intuí que ese camino sería liberador. Y me lancé de lleno. La llamé y comencé a pautar encuentros con ella cada quince días. A partir de conocer a Silvia, empecé a resucitar. Silvia irradiaba y desparramaba una luz que me contagió y me llenó de vida. Con ella pude abrir más mi corazón, me entregué en sus manos. Y sentí un consuelo y un amor inexplicables."
El caso de Carmen es uno de los tantos que reciben a diario los cientos de acompañantes espirituales que trabajan en el país. El fin que persiguen es uno: lograr la salud espiritual del acompañado. A través de encuentros mensuales y gratuitos -es el formato más común-, el acompañante recibe a la persona que requiere su servicio, lo escucha y le propone caminos nuevos.
El acompañamiento está en manos de laicos especializados (abogados, arquitectos, empresarios) o religiosos, y el servicio que prestan es para todos: hombres de fe o no; católicos, judíos o agnósticos; jubilados, desempleados o jóvenes exitosos. "Intentamos dar respuesta a todo aquel que toca nuestra puerta. Nuestra misión es escuchar sus problemas, acogerlo y acompañarlo en su búsqueda de bien y de verdad", aclara Inés Ordóñez de Lanús, directora del Centro de Espiritualidad Santa María (CESM) y pionera en el país en la formación de acompañantes espirituales.
Según se afirma, las personas necesitan cada vez más ser escuchadas de manera individual y personalizada. Quieren compartir sus vidas y consultar temas en encuentros cara a cara. El acompañamiento se ha ido especializando y hoy el servicio se presta para casos de duelos, crisis laborales, enfermedades terminales, divorciados y vueltos a casar y homosexualidad, entre otras realidades.
"A diferencia de la psicoterapia, que busca la salud mental de la persona, el acompañamiento persigue la salud espiritual. Ayuda a que el hombre descubra el sentido de su vida, lo pone en contacto con su energía y fuerza vital más honda que mana del espíritu. Colabora para que el otro encuentre y despliegue sus deseos y pasiones humanas, integrando sus dimensiones biológica, histórica, psicológica, corporal, social y trascendente. Quien se acerca puede o no ser creyente", agrega Ordóñez.
Experiencias
Con el fin de capacitar y dar impulso a esta tarea que crece en el país -la formación de cuatro años que brinda el CESM a los acompañantes comenzó hace 16 años con 40 alumnos y hoy cuenta con más de 600-, este centro organizó recientemente el Primer Congreso de Acompañantes Espirituales Hispanohablantes.
Más de 400 laicos y religiosos de México, Perú, Chile, Colombia, Paraguay, Uruguay y la Argentina escucharon a destacados empresarios (Jorge Born contó su experiencia de nueve meses en cautiverio), psiquiatras, políticos y académicos.
Una de las invitadas fue la diputada Gabriela Michetti. "En un espacio tan hostil como la política, hacen falta acompañantes que nos ayuden a canalizar la angustia que nos produce la competencia destructiva. Los políticos precisamos sostén y redes para nutrirnos y fortalecernos para trabajar por el bien. El acompañamiento espiritual en mi ámbito debería ser un trabajo artesanal, de uno a uno", dijo.
Como oradores centrales estuvieron la teóloga española Dolores Aleixandre; el sacerdote jesuita guatemalteco Carlos Cabarrús; el rector de la UCA, Víctor Fernández; el rabino Sergio Bergman y la propia Ordóñez. Aleixandre insistió en cuatro verbos para ejercer esta tarea: salir del propio universo; escuchar al otro; preguntar (¿qué puedo hacer por vos?, ¿qué creés que esta situación que estás atravesando te quiere mostrar?) y proponer caminos.

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1281393

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