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Ciudades poco accesibles para los adultos mayores

“Todas las personas vivimos en un hábitat, pero éste no se fue desarrollando con la velocidad con que ha ido creciendo la esperanza de vida” como para brindar un entorno seguro a las personas mayores, advirtió el arquitecto Eduardo Schmunis.


POR NATALIA MUÑIZ
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Las veredas rotas y con desniveles; la falta de rampas en esquinas, o las existentes no cuentan con el ancho adecuado ni con pasamanos; la vía pública ocupada por carteles, mostradores que sobresalen de los negocios, heladeras comerciales, productos, mesas y sillas; los locales con toldos bajos; el transporte público con unidades obsoletas, escalones altos, pasamanos elevados y sin que los choferes acerquen la unidad al cordón o se espere a pagar son algunos de las principales dificultades con que se encuentran diariamente las personas adultas mayores en las ciudades.
Estas barreras arquitectónicas, urbanísticas, en el transporte y la comunicación atentan contra un envejecimiento activo. Suelen ser una de las principales causas de caídas en adultos/as mayores en la vivienda, edificios públicos, en la calle y en el transporte; y de reclusión en las viviendas, con las posteriores consecuencias: aislamiento, pérdida de redes sociales, depresión, psicofármacos.
“Todas las personas vivimos en un hábitat, en un lugar determinado, pero ese hábitat no se fue desarrollando con la velocidad con que ha ido creciendo la esperanza de vida”, como para brindar un entorno seguro a medida que se envejece, advirtió el director del Centro de Investigación y Asesoramiento para el Hábitat Gerontológico (CIAHG) de la Sociedad Central de Arquitectos, Eduardo Schmunis.
“”En Argentina, el 98 por ciento de los adultos/as mayores reside en casas, en su mayoría obsoletas, y son altamente urbanos, el 92 por ciento vive en ciudades que no fueron adecuadas de ninguna manera su accesibilidad, así como tampoco el transporte, a las nuevas situaciones que se presentan con el envejecimiento de la sociedad”, señaló.
El arquitecto expuso sobre “Hábitat y accesibilidad”, en una jornada tributo al gerontólogo estadounidense Robert Butler, quien desarrolló el término “viejismo” (“ageism”, en inglés, discriminación contra los adultos/as mayores), organizada por la sede argentina del Centro Internacional de Longevidad (ILC, International Longevity Centre), la Asociación Gerontológica Argentina (AGA), la Red Internacional para la Prevención del Abuso Maltrato en la Vejez (INPEA) y la Federación Argentina de Gerontología y Geriatría (FAGG).

En los espacios verdes

Schmunis destacó que “en las ciudades, las personas mayores que transitan con apoyo técnico -un bastón, por ejemplo- o con cuidadoras se encuentran con veredas rotas y obstáculos de todo tipo”.
Ejemplificó la Plaza de las Naciones Unidas, en Recoleta, la que tiene el monumento con forma de flor, al lado de la Facultad de Derecho de la UBA: “Nos encontramos con piedra partida, ¿qué persona con andador, silla de ruedas o cochecito de bebé puede transitar así? Y las escaleras no tienen pasamanos. Esto no es accesible. Esto es discriminación. Y aplicado al grupo etáreo de adultos/as mayores, esto es viejismo”.
Otro caso es la plaza de Puerto Madero, donde destacó que “las rampas y escaleras no tienen pasamanos y los bebederos son para contorsionistas; sin embargo, este parque fue construido cuando ya existía la Ley de Accesibilidad”.
También señaló la plaza de Flores, “que hace poco se hizo una modificación, pero tiene piedra partida y bancos de cemento a pleno sol, con lo cual nadie se puede sentar ahí a jugar al ajedrez”.

Las calles y los colectivos

Respecto a las calles, el arquitecto indicó que “personas con dificultades visuales y/o motrices no pueden circular con seguridad” porque el espacio de paso está obstruido por “heladeras de gaseosas o helados, carteles, mesas y sillas, teléfonos semipúblico que sobresalen de los locales, además que nos encontramos con toldos bajos”.
Otro grave problema, advirtió el profesional, es “la falta de accesibilidad en el transporte” y explicó que “la cadena de accesibilidad es aquella circunstancia que permite salir de nuestra casa, circular por el espacio público, subir al transporte y llegar a cualquier lugar que querramos sin que haya problemas de seguridad”.
Sin embrago, Schmunis sostuvo que “el transporte es la de cadena rota que tiene todo este camino” y remarcó que éste “tendría que haber sido totalmente accesible en el año 2001 y hay leyes que lo marcan así”.
“Hay unidades obsoletas, en muchas se eliminaron las rampas. Pocas unidades tienen piso bajo, aunque en realidad son de piso semi bajo. Varias tienen escalones de hasta 24 centímetros, cuando no pueden superar los 18 centímetros. Los pasamanos están altos. Los choferes no acercan las unidades para que una persona mayor pueda subir cómodamente y con seguridad. Y los números e indicaciones no pueden leerse con facilidad, no tienen tipografía adecuada; y si bien en los últimos años está de moda colocar luces verdes, azules o rojas alrededor de los números o para los diferentes recorridos, de noche, no se entiende nada”, enumeró.
Acerca del transporte ferroviario, el arquitecto indicó que “en el San Martín y el Belgrano hay escalones para subir a las unidades, ¿qué persona con movilidad reducida, algún grado de discapacidad motriz, o que lleva un bulto o un cochecito de bebé puede subir a la unidad?”.

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