Gerontologia - Universidad Maimónides

Junio 12, 2005

ABUELAS CON CODIGO PROPIO

abuelas.jpgSon exitosas en su trabajos y tienen agendas completísimas. No tienen nada que ver con las nonas de antaño que tejían crochet y contaban cuentos a sus nietos. Las modernas enfrentan “al nuevo nieto” desde otra perspectiva.

Revista Nueva
Domingo, 12/6/2005

Está probado que su presencia es fundamental en la crianza de los nietos.
Carmen tiene 67 años y una agenda que bien podría competir con la de cualquier joven de 20. Es licenciada en psicopedagogía, carrera que comenzó a cursar cuando el último de sus cinco hijos terminó la secundaria. Hoy trabaja como docente universitaria, martes y viernes toma clases de flamenco y los jueves tiene obligada cita con su terapeuta. Acaba de regresar de un viaje por Europa –el primero que se anima a hacer sola desde la muerte de su marido–, y tiene una abultada lista de proyectos, entre ellos, el de acunar en sus brazos a su nieto número diez, que nacerá en julio.
Claro que con tanto ajetreo cabe preguntarse qué tiempo dedica esta mujer a una decena de nietos. “Es cierto, mis actividades no dejan mucho margen para estar con ellos –responde sin culpa alguna–. Sin embargo, estoy al tanto de lo que le pasa a cada uno de mis nietos, les hablo por teléfono periódicamente y si me necesitan, dejo todo para acompañarlos. Ellos saben lo importante que es para mí mantenerme activa, sé que me admiran por eso –los más grandes me lo han dicho– y el hecho de tener una vida activa, hace que el tiempo que pasamos juntos sea disfrutado a lo grande por ellos y por mí.” Carmen es una fiel representante de las abuelas modernas. Lejos quedaron aquellas tiernas imágenes de la viejita encorvada de rodete blanco sentada en un sillón tejiendo, o de la nona de generosas caderas amasando la pasta del domingo para recibir a toda la parentela. Cuando el promedio de expectativa de vida supera los 80 años, según la Organización Mundial de la Salud, ser abuela está a años luz de convertirse en una anciana de blancos cabellos que sólo vive para y por sus nietos. La esperanza de vida de una abuela actual de 55 años es hoy superior a la que tenía su abuela a los 35 años.

Mucha vida por delante
Recorrieron un largo camino, fueron protagonistas de cambios sociales profundos y en la actualidad son abuelas con códigos propios. “Las abuelas de hoy se han ido aggiornando a los tiempos que corren con asombrosa ductilidad –explica la licenciada en Psicología, Nora Pochtar, coordinadora de la Comisión Los Adultos Mayores y sus Derechos, miembro de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH)–. Además de ocuparse de sus nietos, la mayoría de ellas tienen vida propia, social y sentimental. Trabajan, hacen cursos, se comunican por correo electrónico o por chat con sus amigas y sus nietos, hay quienes retoman vocaciones postergadas y están las que vuelven a enamorarse. Entre tanta vida, los nietos representan su leit motiv, aunque no el único. Una abuela activa es un ejemplo extraordinario para un niño o adolescente, porque les muestra un modelo positivo del tránsito hacia la vejez y porque el estar actualizada y llena de vida, abre puertas intergeneracionales muy enriquecedoras.”
Por todo esto, Juana Rottemberg, dramatista y psicóloga social, autora de Los nietos nos miran, indiscutible best seller con más de 16 ediciones y una puesta teatral de gran éxito, habla de la “abuelitud”, que rima con juventud y no de “abuelidad” que se pega con ancianidad. A fuerza de pura experiencia (tiene seis nietos), Juana asegura que “los nietos siguen mirando a sus abuelos y se proyectan en quienes ya tienen una experiencia de vida, como si buscaran respuestas.”

“Una abuela activa es un gran ejemplo para un niño o adolescente, porque les muestra un modelo positivo del tránsito hacia la vejez y porque el estar actualizada y llena de vida, abre puertas intergeneracionales muy enriquecedoras.” Nora Pochtar

¿Para qué sirve una abuela?
Del crisol de razas que representaron las abuelas de generaciones pasadas, hoy pasamos a un crisol de estilos. Están las tradicionales y las modernas, las de 40 y pico y las que transitaron parte del siglo XX, las biológicas y las adoptivas o sustitutas. Hay abuelas full-time (porque los nietos son todo o por necesidad de los padres), part time (que ejercen su abuelazgo con días y horas prefijadas) y free lance o independientes, cuyas ocupaciones son tantas y variadas que están junto a sus nietos cuando tienen tiempo y ganas. Sean del tipo que fueren, lo cierto es que la relación abuela-nieto “es un vínculo fundamental para ambas partes –argumenta la licenciada Pochtar–. Las abuelas son transmisoras de la identidad familiar y cultural, les dan a los nietos una perspectiva histórica, ya que para forjar su identidad, deben saber de dónde vienen. Además, pueden compartir horas de juego y otras actividades sin la carga de responsabilidad que tienen los padres. Los chicos, por su parte, les aportan el sentido de trascendencia y las revitalizan a través del contacto con la infancia.”

Tiempos veloces
Dicen que los padres crían y los abuelos malcrían, mucho más en estos tiempos del fast food y fast life en que abuelas y nietos tienen menos momentos para compartir. Sin embargo, Graciela Naum, diseñadora de moda, dueña de una importante empresa que lleva su nombre, disiente con esta creencia. “Yo como abuela me siento formadora y educadora de mis nietos. Claro que las responsabilidades son menores que las que tuve con mis tres hijos, porque a mis nietos los puedo disfrutar a lo grande. Se me cancela una entrevista y me voy corriendo a verlos. Me tiro en el piso y juego a la altura de ellos”, dice Graciela conmovida.
Ella, que tiene numerosas ocupaciones y una nutrida agenda, descubre diferentes caminos de los que transitó su abuela. “La mía era adorable, libanesa, con historias divertidas fascinantes. La quise mucho y debo confesar que tuve mejor vínculo con ella que con mi mamá. Nos cantaba en francés. Estar con ella era sonreír y es lo que me dejó sin darme cuenta. Era una cocinera de lujo, nos homenajeaba con comidas riquísimas. Yo soy más express, como tengo poco tiempo prefiero emplearlo para jugar. Con todo, creo que ambas llegamos al mismo resultado: los momentos compartidos entre abuela y nietos se vuelven mágicos, de felicidad absoluta”.
También Canela tiene una agenda ajustadísima, sin embargo se las ingenia para hacerse el tiempo para sus tres nietos: uno el domingo a la mañana, otro el viernes a la tarde y el más pequeño, hace poco más de un mes que acaricia la cara de su abuela durante los fines de semana. Aunque sus múltiples actividades –acaba de inaugurar el ciclo de un noticiero cultural Colectivo Imaginario–, la tienen trabajando intensamente. ante cualquier problema de los nietos su agenda se vuelve “flexible”. “El mensaje es claro, si ellos me necesitan, muevo los horarios. Con ellos soy severa, pongo límites, como me educaron a mí, pero a la vez disfruto del juego. Me gusta sorprenderlos con un regalo muy pensado y personalizado, no un juguete cualquiera”.
Tini de Bucourt acaba de lanzar su marca de productos de la India. Allí suelen visitarla sus dos nietos.

Otro lenguaje, el mismo amor
Los avances de las comunicaciones, como Internet, el correo electrónico, el chat, abren una dimensión nueva en el vínculo abuela-nieto: permiten que los que recién comienzan a caminar por la vida se vuelvan maestros de los que “ya están de vuelta”. Así las abuelas se convierten en jóvenes aprendices y los nietos, en experimentados maestros. “A mí me divierte mucho chatear con mi nieto y él le cuenta a sus amigos que tiene una amiga canchera con la que se encuentra vía Internet”, cuenta Amalia.
Podrán cambiar los tiempos, los modos de encuentro, las manera de relacionarse, pero la complicidad y ese amor de ida y vuelta, desinteresado y mágico, sigue intacto, como era entonces.

Más info:
www.enplenitud.com
www.portaltercera.com.ar
www.webmujeractual.com


Por Verónica Podestá / Fotos: jorgeamadonewmen.com.ar y Graciela Naum

Graciela Naum, su hija, Dolores y su nieta Martina. Después llegó Federico, el benjamín.

Canela flexibilizó su agenda luego de la llegada de su primer nieto. Sin embargo se considera una abuela exigente.

Cris Morena, la abuela moderna de Franco
y Valentín, hijos
de Romina Yan.

Susana Giménez tiene dos nietos. Lucía y Manuel tienen prohibido llamarla abuela. Para ellos es Su.

Efecto abuela
“La presencia de las abuelas puede mejorar el éxito de la crianza de los nietos". Así lo asegura un reciente estudio, publicado por la revista Nature, realizado por un equipo de investigadores que estudiaron a dos grupos de mujeres uno en Finlandia y el otro en Canadá. Tras examinar el árbol genealógico de más de 3.500 mujeres que vivieron en los siglos XVIII y XIX en estos países, los expertos comprobaron que en las familias en las que la abuela aún vivía sobrevivieron muchos más niños, y también nacieron más, que en las que carecieron de abuela. El mensaje del estudio es que el contacto con la abuela es beneficioso para los nietos y para la perpetuación de los genes familiares. Y según un trabajo antropológico –bautizado con el nombre de Efecto abuela y publicado asimismo en Nature– podría tratarse de otra estratagema urdida en los millones de años de evolución humana para asegurar aún más la supervivencia de los genes.


Abuela modelo
Hace seis años que la vida de Teté Coustarot dio un vuelco. Fue cuando nació Sayi, su única nieta. “No dejo de sorprenderme cada día por los sentimientos y emociones que puede despertarte un nieto. Es algo único, totalmente diferente de lo que se siente por un hijo. Me conmueve, es una nena adorablemente amorosa. Me encanta hacer programas con ella, la suelo llevar a los juegos, vamos al shopping juntas, salimos a caminar, muchos fines de semana me la llevo conmigo.”
Teté es un claro ejemplo de las abuelas modernas. A los 54 años, está más activa que nunca. Con dos programas al aire, uno en radio y otro en televisión, no se pierde ni uno de los actos del colegio en que participa su nieta. Sayi vivió su primer año de vida en Alemania. Y su abuela hacía malabares para viajar y seguir de cerca el crecimiento de su nieta. Por suerte, mamá e hija se radicaron en Buenos Aires y Teté tiene a sus dos amores bien cerca. “En todo sentido Sayi le ha aportado muchísimo a mi vida. De hecho, me llevó a recuperar la capacidad de juego, me devolvió cierta inocencia en la mirada de las cosas y me ayudó a conectarme con el mundo infantil del cual hacía tiempo que ya no participaba. Disfruto enormemente verla feliz, me llena el alma, esa expresión tan hermosa que tiene cuando está contenta tiene un valor inmenso para mí.”

Publicado por Licenciatura en Gerontología el día: Junio 12, 2005 06:21 PM