Gerontología - Universidad Maimónides

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Los seres humanos matamos más que la propia muerte

saramago.JPGJosé Saramago, Régis Debray, Jean Daniel y Juan Cebrián dialogaron en Sevilla.

Por Santiago Belausteguigoitia *
Página/12
14-01-2006

“Los seres humanos matamos más que la muerte”, afirmó el miércoles el escritor José Saramago en el paraninfo de la Universidad de Sevilla. El Nobel portugués participó en una mesa redonda sobre Civilizaciones, reparto de las modernidades junto al escritor y académico Juan Luis Cebrián, el filósofo Régis Debray, el politólogo Sami Naïr y el periodista Jean Daniel. La mesa redonda, que cerró el Festival Sevilla Entre Culturas, acogió un intercambio de ideas sobre religión, modernidad, multiculturalismo y democracia en un mundo marcado por la globalización que entra a tientas en el siglo XXI.
Saramago centró en buena medida su aportación en reflexionar sobre Dios y las religiones. “Soy más que agnóstico. Ser ateo es más que ser agnóstico. Me interesa mucho Dios: las consecuencias de que un día a alguien se le ocurrió decir que esto necesita un creador. Y cada uno lo inventó a su modo y manera”, señaló el escritor portugués. “Me asombra desde mi perspectiva de persona que no necesita creer en Dios, ni practica ni ha practicado ninguna religión (...) que la religión jamás acercó a los hombres, y que siempre ha sido un factor de enfrentamiento y muerte”, comentó.
“No digo que la culpa la tenga Dios. Lo que existe es lo que llevamos en la cabeza. Y llevamos a Dios porque lo hemos creado. Y llevamos dentro al diablo. Y el bien y el mal”, agregó. Saramago abogó por un “pacto de no agresión entre las religiones” cristiana e islámica. Con todo, que las cosas cambien depende de los hombres. “En mi última novela hay un momento en el que el narrador dice que la muerte por sí misma, con sus propios medios, siempre ha matado menos que el ser humano. Nosotros, los seres humanos, matamos más que la muerte”, concluyó Saramago.
Juan Luis Cebrián, consejero delegado del Grupo Prisa, dedicó gran parte de su intervención a la extensión de la democracia en el mundo. “Creo que la democracia puede ser el mínimo común denominador a condición de que no la convirtamos en una ideología. La democracia no es una creencia ni algo trascendente sino un método de diálogo enormemente imperfecto”, dijo Cebrián. “La democracia es el reino de la controversia, del diálogo, del pacto. La democracia no puede ser proselitista”, explicó. “La democracia no es una ideología sino que es un método. Nace de un acuerdo social. No se puede invadir países en nombre de la democracia. La democracia no es un fin sino un método”, afirmó sobre la invasión de Irak. Cebrián también habló sobre la red de redes. “Internet es un caos real, paradójico, un lugar en el que se genera un nuevo sistema de valores y comunicación que no tiene que ver con el que hemos conocido”, comentó el académico de la Real Academia Española (RAE).
Sami Naïr, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de París VIII, recordó cómo en las últimas décadas se ha impuesto un paradigma “que explica el comportamiento de la gente en función de su cultura u origen”. “El republicanismo y la tradición socioeconómica marxista se opusieron a esta visión culturalista”, agregó. “La identidad debe ser un punto de partida en la relación con el otro. No debe ser nunca un punto de llegada en esa relación.” Jean Daniel, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, evocó las predicciones de autores como Fukuyama, Huntington y Malraux para afirmar que “el siglo XXI está ya marcado por la obligación de conciliar la diversidad de las culturas con la universalidad de los valores”.
Régis Debray, escritor que estuvo con el Che Guevara haciendo la revolución en Bolivia y que es considerado un maestro del pensamiento en Francia, explicó que “el progreso es la religión de los ateos”. “El progreso fue la religión de los siglos XIX y XX. Se entendía como una marcha hacia la emancipación del individuo. Era una especie de providencia laica. El problema es que no es tan grave ser atrasado. El progreso es retrógrado. Lo que suponemos atrás se encuentra delante.”

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.