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El Alzheimer cumple 100 años con un atisbo de esperanza

España inaugurará en breve varios centros monográficos para investigar sobre una dolencia cada día más frecuente, pero con escasos recursos farmacológicos y asistenciales

ISABEL PERANCHO
elmundo salud

La mayor parte de los pacientes ingresados en residencias padece Alzheimer.
Hoy son medio millón, pero los cálculos indican que los afectados por el mal de Alzheimer serán cerca de 700.000 en 2030, un 65% más que hace 25 años. En noviembre, se cumple el primer centenario de la descripción de este tipo de demencia. Sin embargo, a pesar de los 100 años transcurridos, la medicina ofrece todavía poco alivio a los pacientes y a sus familias.

Las cosas pueden cambiar en la próxima década. Al menos 25 fármacos se encuentran en distintas fases de experimentación en laboratorios de todo el mundo. Y España, por fin, dará impulso a la investigación en este área con la puesta en marcha de varios centros monográficos dedicados al estudio de la dolencia: el que la Fundación Reina Sofía abrirá a final de año en Madrid, más adelante en Murcia y el Centro Nacional de Alzheimer que se creará en Salamanca.

OPTIMISMO

Este es el tímido mensaje de esperanza lanzado por los especialistas con motivo del Día Mundial del Alzheimer, que se conmemora el 21 de septiembre. «Lo que conocemos ahora de la enfermedad no tiene nada que ver con lo que sabíamos hace una década. Vamos a una velocidad muy grande; no tendremos que esperar otros cien años para curarla», augura Jesús Ávila, investigador del Centro de Biología Molecular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

La medicación introducida hace poco más de 10 años ofrece pocos beneficios a los pacientes. Se trata de fármacos que retrasan temporalmente, en el mejor de los casos un año, algunos síntomas de la dolencia. Pero no evitan su evolución. «La enfermedad se asienta sobre el órgano más difícil, no sabemos cómo funciona realmente el cerebro», destaca Pedro Gil-Gregorio, jefe de la Unidad de Memoria del servicio de Geriatría del Hospital Clínico de Madrid.

Los nuevos medicamentos en camino se dirigen a atacar algunas de las dianas moleculares del mal, las proteínas que lesionan las neuronas. ¿Podrán frenar el proceso degenerativo? «Si todo va bien, no estarán disponibles antes de cinco o 10 años», matiza Ávila.

Mientras tanto, los expertos centran gran parte de su interés en el desarrollo de herramientas que permitan diagnosticar la dolencia en fase precoz, cuando las funciones cerebrales aún no estén dañadas, e incluso, años antes de que se manifieste la pérdida de memoria. Ese sería el momento de actuar si los nuevos fármacos resultan un éxito. «Aún estamos lejos de conseguirlo», reconoce José Luis Molinuevo, director de la Unidad de Memoria y Alzheimer del Hospital Clínic de Barcelona.

Para los familiares, hay otros retos pendientes. Luis Agüera, responsable de Psicogeriatría del Hospital 12 de Octubre de Madrid, subraya las «trabas administrativas» que sortean los cuidadores de los enfermos para conseguir su tratamiento: fármacos y pañales tienen visado de inspección.

Los hallazgos de la autopsia que descubrió la enfermedad


En noviembre de 1906, el psiquiatra alemán Alois Alzheimer presentó en una reunión la descripción de una inusual enfermedad cerebral. En el trabajo se recogía el curso clínico de una paciente llamada Auguste D, una mujer de 51 años, que presentaba pérdida de memoria, desorientación, alucinaciones y demencia que llevaron a su muerte con sólo 55 años, junto con la autopsia de su cerebro. El estudio del tejido mostró una corteza cerebral atrófica, más estrecha de lo normal y, además, dos anomalías muy llamativas que 100 años después siguen siendo las características principales de la demencia tipo Alzheimer: las placas seniles (acumulaciones extraneuronales de proteína beta amiloide anómala situadas preferentemente en el hipocampo y la corteza cerebral, las regiones relacionadas con la memoria y las funciones cognitivas superiores (como el pensamiento) y los ovillos neurofibrilares (acumulación de péptido tau en el interior de las neuronas). La publicación de sus hallazgos, en 1907, no fue bien recibida por sus colegas y no fue hasta años después cuando se acuñó el término enfermedad de Alzheimer.