Gerontología - Universidad Maimónides

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"A los 50 estás muerto"

No importa la hora. Puede ser las siete y treinta, como las tres de la mañana. Siempre desgreñado al alba y pálido por la medianoche. Calzado de silencios, arrumbado en una mesa ya conocida de café, dientes feroces, voces roncas, se presenta día a día, exhausto de sus trabajos forzados, de su cansancio de caminar en busca de un trabajo.

OSVALDO PEPE
12.02.2006 | Clarín.com | Zona

Conversaciones de deseos, de sueños, pequeños sueños que sólo pretenden un techo y un plato de comida, como un tiempo ocupado para no sentir cómo se desgrana la dignidad del hombre. Sólo eso. La noche preñada de palabras, dócil y sombría, espera un llamado a tantas presentaciones olvidadas en un cesto al irte de cada entrevista. Es que acá tener más de 50 años significa estar condenado a la nada, porque ya te consideran muerto.

Hundo la mano en el saco aún cuidado y extraigo los últimos cigarrillos, el humo me envuelve como si estuviera en un sueño, un sueño de vida, que huele a muerte en vida. Buscar denodadamente un empleo es un trabajo forzoso. Ya que es "casi" inhumano caminar y caminar con las tripas rechinando por un pedazo de pan, y a la vez sentir que aún tenés fuerzas, inteligencia, experiencia y conocimientos para enseñar. Pero el día se hace negro, de un negro espeso, parecido al humo del carbón. Los sueños y esperanzas se van quebrando como una mica a medida que pasan las horas de espera. El cansancio de no hacer, duele más que el cansancio de hacer.

Desocupado. Sólo con los pocos centavos que implica haber pedido a alguien para comprar un pedazo de pan que mitigue el cansancio del hambre y de ese hombre digno ya sin fuerzas. Del hombre que busca demostrar que aún está vivo, que su lámpara aún estalla y cubre los fragmentos de un ser que tiene todo para dar. Pero esa noche ya no tiene lugar para una sola palabra más.

Para no ser pobre, dicen que hay que ganar 266 dólares. Estos señores no saben que un lavado de ropa por semana son 2 dólares, que rentar un cuarto son 100 dólares, que comer mal diariamente son 150 dólares mensuales, sin viajar, sin remedios, sin un jabón... Un desempleado, un esclavo de trabajos forzosos, ve desgranar su vida minuto a minuto ante la mirada indiferente de la sociedad. ¿Cómo todos pueden estar tan ciegos? Recuerdo ese poema de Bertold Brecht que dice: "Ahora me vienen a buscar a mí, pero ya es tarde".

Norberto Arturo Cid
Licenciado en Publicidad y Marketing
norbertocid@hotmail.com

http://www.clarin.com/suplementos/zona/2006/02/12/z-03403.htm